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Curiosidades

 

 

 

 

Leyenda del Ñandutí

Esta historia, solo los ancianos la saben, cuenta que en la tribu guaraní había un joven llamado Ñandû Guasu, enamorado de la bella Sapuru, doncella que prometió casarse con el hombre que deje a sus pies el presente más raro y valioso. Ñandú inició una búsqueda desesperada del obsequio planteado y llegó a lo más profundo del bosque. Cansado y sin nada capaz de satisfacer las pretensiones de Sapuru, se quedó dormido al cobijo de un árbol muerto. Al día siguiente, al levantar la mirada observó la más encantadora obra de la naturaleza que jamás haya visto. Un tejido blanco, brillante, empapado en rocío, lleno de reflejos, hecho con dibujos de una perfección celestial: un manto para Sapuru, un regalo insuperable. Cuando el joven alarga sus manos, el tejido se deshace en una baba pegajosa e informe. Es un hechizo, una quimera, un imposible, “…jamás podré tener a la bella Sapurú…”, se lamenta , lágrimas de rabia ruedan por su rostro.Una vez en su aldea, duerme, sueña y grita. Su acongojada madre lo despierta y juntos, a la orilla del río, con la mirada perdida relató lo sucedido: la travesía, el claro en el monte y la joya de aquel tejido.

 

 

La madre lo levanta y simplemente dice: “…llévame a ese lugar”. Allí observa con detenimiento y no se arriesga a tocar la tela. Sabe que el mínimo roce la destruirá, se limita a mirar el constante movimiento de la pequeña araña, su creadora. Sus idas y vueltas. Su colgarse y descolgarse continuo, casi sin pausas.

 

 

Mientras Ñandû duerme, la madre sigue los pasos de la araña y comienza a tejer un manto a imagen y semejanza del que tiene ante sus ojos. Lo teje con sus propias canas, lo teje con amor. Sabe que hará feliz a su hijo.
Cuando Ñandú despierta, su madre descubre ante sus ojos el manto tejido con sus canas. El sorprendido joven mira la obra de su madre y el que está en las ramas: son idénticos. Con temor el toma entre la suavísima urdimbre, mientras la madre le cuenta como lo ha hecho. Así Ñandú conquistó a Sapuru y desde entonces sus descendientes mantienen vivo el recuerdo del amor de madre a través del Ñandutí.

 

 

 

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